¿Qué tipo de educación?, ¿en qué clase de institución?, ¿con qué objetivos?, ¿con qué fines?, ¿para obtener qué?, ¿qué estilo de vida?, ¿con qué intención?... Y podemos seguir con una serie muy larga de preguntas.
Al momento de realizar una elección o de tomar una decisión importante para nosotros, un aspecto fundamental a considerar es preguntarse acerca del concepto o de la idea de "hombre" de la que partimos. De eso dependerá gran parte de nuestras respuestas. Este concepto de hombre podría relacionarse también con el conocimiento de uno mismo y de la propia historia, del reconocimiento de los hitos significativos de la vida, de lo que es necesario o de los valores personales. Con esta consideración estaremos mucho mejor preparados para iniciar una búsqueda o para encontrar una respuesta. Sería un camino interior inicial (considerando aspectos del afuera, por supuesto) para tomar una decisión que repercutirá en lo externo, en lo social.
Lo que complica las cosas suele ser el dejarse llevar por una idea de proyecto o de hombre que en realidad pertenece a otro. Siguiendo esa idea, terminaríamos trabajando para otro, dedicando energía en algo que en lo inmediato o en lo lejano nos pertenecerá. Claro que muchas veces cuesta darse cuenta de que uno está construyendo algo que no es del todo propio. Y no es fácil porque la identidad no es acabada ni limitada, sino todo lo contrario, es dinámica y en permanente posibilidad de ser. También por esto último es que no podemos pensar hacia el futuro solo a partir de lo que ya construimos o a partir de las aptitudes, habilidades o intereses que hasta el presente supimos identificar. Debemos considerar, además, lo que podemos llegar a ser y a desarrollar. Tampoco es fácil porque tomar decisiones complejas nos ubica en una encrucijada de incertidumbres, ideales, pensamientos, miedos y ganas, entre otras.
Y frente a este panorama, ¿qué hacer, cómo actuar? la tentación de buscar respuestas afuera existe y nos hace creer que así será todo más fácil. Puede que resulte, pero también puede que no. El riesgo está en no elaborar algo que en definitiva va a ser de uno. Podríamos relacionarlo con varios ejemplos, de hecho: no es lo mismo vender algo que conocemos y de lo cual estamos convencidos que un producto que no nos "cierra" y tampoco es lo mismo contar una historia personal que una vivida por otra persona. Contar la propia historia contiene mucho más, es más creíble, más interesante.
Sería algo así como ir en vías de convertirse en uno mismo, en apostar a nuestra subjetividad, a nuestra esencia, a aquello que nos hace ser nosotros mismos. ¿Nos conectamos con quienes realmente somos o nos conectamos a una máquina de ideales ajenos? ¿Quién da más?
sábado, 12 de mayo de 2012
sábado, 28 de abril de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Vocación... ¿Y yo qué tengo que ver?
Hoy estuve conversando con un colega y tuvimos una de esas charlas de las que uno disfruta y puede sacar cosas positivas y nuevas maneras de ver las cosas.
Hablando de la vocación, compartíamos que esta es inherente al ser, al alma o como quieran llamarlo. No concebimos a lo vocacional como ajeno o como algo externo a uno mismo, como si fuese algo que tenemos que salir a buscar afuera o pedírselo a un otro que lo distribuye (como quien quiere "que le hagan un test" para saber para qué sirve o qué tiene que hacer de su vida. Puede que uno consiga un resultado para sacarse el tema de encima y que esa respuesta sirva durante un tiempo, pero a la larga o a la corta la pregunta acerca de quién queremos ser y qué queremos hacer nos tocará la puerta). Lo vocacional está en uno y desarrollarlo implica (y requiere) hacerse preguntas, realizar un camino hacia el interior de cada uno, conocerse y cuestionarse. Claro que de manera sincera con uno mismo, sin engañarse, sin vueltas, de frente digamos. Y esto a veces hace que uno se las vea con cosas no resueltas, propias o ajenas inclusive. Recién después de este camino hacia uno mismo es que uno debe contemplar las opciones que ofrece el contexto (carreras, trabajos, oportunidades, becas, etc.). Esto no significa que lo vocacional sea independiente del contexto, sino todo lo contrario. De hecho, uno no puede realizar elecciones sin considerar el entorno en el que uno va a moverse luego de elegir. No es lo mismo estar en la Capital Federal que en La Quiaca, en Buenos Aires que en Santa Cruz, en la Argentina que en Japón. Cada lugar tiene sus particularidades más allá de lo globalizado que pueda estar.
Por último, otra de las reflexiones que compartíamos es que la carrera elegida (en el caso de los jóvenes que desean estudiar después del secundario), por un lado no debe ser vista como un fin en sí mismo, como la realización del deseo o la culminación de un proyecto, sino más bien como un medio que posibilita desarrollarse laboralmente. Y por otro, que el título logrado no nos determina in eternum limitándonos a un "corralito vocacional", sino que nos aporta herramientas. En definitiva, por más vestiduras que nos probemos, somos nosotros los actores de la obra de teatro y, como seres con infinitas particularidades, son múltiples los caminos que podemos transitar, aun sin importar la educación formal recibida. La educación nos da elementos, pero la creatividad, la obra de arte, es nuestra. Una enriquece a la otra. Es una sociedad fiel que que se recrea constantemente a través de experiencias, conocimientos, vivencias, aprendizajes, expectativas y proyectos.
viernes, 24 de febrero de 2012
La búsqueda
Antes de empezar las sesiones, ya me encontraba en una búsqueda. ¿Búsqueda de qué? No creo que sea de una sola cosa, más bien de un par: de un plan; de un oficio; de una vocación, tal vez hasta de una nueva pasión; búsqueda de intereses y de nuevas ideas. Podría decirse que todas las respuestas son correctas, pero al mismo tiempo todas estaban desordenadas, sumidas en un caos de esos que sólo nuestra mente puede provocar. Entonces, ¿la búsqueda terminó? No, claro que no. Pero todo se va ordenando.
Imaginemos un hombre solo. Se encuentra en el medio de una vasta llanura. Cuando levanta la vista, a su alrededor puede ver nada más que el horizonte. Tal vez un bosque, más llanura por otro lado, pero no logra divisar civilización, ni un rastro de ella. Entonces también puede preguntarse si es civilización lo que busca. Y él realmente no lo sabe. Si sabe que no quiere quedarse en ese lugar, no es donde se siente cómodo o donde está feliz. Cuenta con algunas herramientas que traía consigo antes de aparecer en esta llanura. Pero como no sabe hacia dónde va o qué busca, tampoco sabe si le serán útiles para su cometido. De cualquier forma sería tonto dejarlas. Todo conocimiento o herramientas antes adquiridas pueden llegar a ser necesarias, y además ¿como deshacerse de ellas? Las lleva consigo hace tiempo, siente cariño hacia ellas, lo entretienen. Claro, a veces puede pensar que de haber sabido que iba a terminar en esa llanura hubiese elegido otras herramientas. Es entonces cuando las mira, las usa y se vuelve a encariñar como siempre con ellas. Pero basta de divagar sobre las herramientas, las herramientas están bien.
Volvemos a este hombre. Él sigue en la llanura, pero sabe que no va a quedarse ahí por mucho tiempo. Lo sabe por que él no quiere hacerlo. Y eso es una parte buena de estar en esa llanura: puede elegir cualquier dirección y puede elegirla solo. Una sensación de libertad lo abruma, tanto que por momentos se asusta. Y es que esta libertad acarrea responsabilidad. La responsabilidad de su propia vida. Y qué más importante que nuestra propia vida. Al fin y al cabo solo tiene una y nadie va a devolvérsela cuando se termine, así que mejor aprovecharla.
Ahora bien, sabemos que el hombre va hacia algún lugar, él también lo sabe. Pero antes de hacerlo se plantea dos opciones. La primera es simplemente empezar a caminar, cualquiera sea la dirección. Si camina, como lógica consecuencia va a llegar a algún lugar. Este nuevo lugar puede gustarle o no. Si así fuera puede quedarse en él o simplemente seguir caminando. También puede pasar que el lugar le guste, pero la intriga que acarrea el hecho de desconocer qué más hay puede que lo lleve a seguir caminando sin un destino en particular. Las variantes entonces se multiplican y solo lo detiene el tiempo y su propia decisión.
La otra opción es más analítica. De vuelta en la llanura y antes de empezar a caminar puede, por ejemplo, trepar a un árbol. Observar todo desde otra perspectiva. Ver distintos lugares. Preguntarse cuáles le gustan y cuales no. Buscar un norte. Forzarse a recordar por qué fue que llegó a esta llanura y entonces también forzarse a tomar decisiones. Una vez que lo haya analizado todo (lo cual puede llevar tiempo) emprender el camino hacia ese nuevo lugar que busca. Aun así, tener un objetivo no debería volverlo ciego a nuevos rumbos que puedan aparecer en el camino. Llegado el caso, el análisis hecho antes de partir y los conocimientos que este le han brindado pueden ayudarlo a decidir mejor.
Es esa la diferencia. Ahora busca ese lugar en particular, pero sabe también que puede encontrar algo en otros lugares. Y lo más importante, sabe cómo llegar a ellos sin olvidar que lo importante es caminar.
martes, 24 de enero de 2012
Dalma elige su propia aventura
Unas semanas atrás LN Revista publicó una nota a Dalma Maradona de la que vale la pena hablar. La entrevista introduce conceptos importantes en etapas de decisión vocacional como son "marca", "identidad", "familia", "mandatos" y "ser uno mismo". Vale la pena leerla, sobre toda la primera parte que es la que se centra en el plano vocacional.
Este tipo de testimonios, más allá de que pertenezcan a algún personaje conocido, sirven para reflexionar a nivel personal y también como material para trabajar entre padres e hijos o con adolescentes. Las decisiones vocacionales son instancias que se pueden vivir de múltiples formas y que si no son trabajadas con tiempo (interior y exterior) se puede caer en una elección apresurada. Claro que esto no significa que la elección resulte equivocada. Pero para realizar una "buena" elección tiene que existir un momento para pensar, para analizar, para reflexionar y para investigar. Eso sí, esto tampoco va a garantizar que las consecuencias sean las esperadas. El resultado o el éxito de una decisión no es lo que valida a esta última. Son muchos los factores que intervienen y que pueden modificar el sentido (o la suerte) de una elección. Por eso, una "buena" elección es aquella que fue pensada y aquella de la cual se pudo apropiar la persona. En definitiva, no hay recetas sino caminos (nuevos) por recorrer.
Denle una mirada a la entrevista. Inclusive hay un video.
jueves, 3 de noviembre de 2011
miércoles, 26 de octubre de 2011
Elecciones... no políticas, sino de vida.
Otro interesante video de RSAnimation que incluye palabras y conceptos clave como ansiedad, consumismo, capitalismo, la mirada de los otros, la necesidad de aprobación, la elección ideal, las pérdidas que dejan las elecciones, las creencias, la culpa por los fracasos, el deseo de ser famosos, el cambio social, entre otros.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Reorientarse
En los últimos tiempos son muchas las consultas de reorientación que recibimos. Y no solo de jóvenes que "perdieron" un año por haber elegido la carrera equivocada, sino de personas adultas, de hasta 40 años. Algunos de los motivos son: "no estoy contento con la carrera que elegí", "me faltan unas materias para terminar la carrera pero quiero hacer otra cosa", "me cansé de trabajar en esta área", "quiero hacer otra cosa", "mi vida cotidiana y mis prioridades cambiaron, ahora quiero hacer algo que no me consuma todo el día" (muy común en mujeres que tienen familia), "tengo dudas acerca de lo que elegí", "en su momento me vi obligado a trabajar y ahora puedo comenzar una estudio superior" o "trabajo desde que terminé la secundaria y ahora quiero estudiar algo relacionado con mi trabajo".
Algunos deciden encarar un proyecto personal, otros hacer algo radicalmente opuesto, otros reafirmar su decisión, y otros (entre otros) simplemente se quedan satisfechos con el espacio de reflexión acerca de su futuro. Se contentan con parar y pensar acerca de lo transitado, para continuar desde otro lugar.
La inquietud que en el fondo atraviesa a estas personas tiene que ver, independientemente de lo que eligieron o de lo que elijan, con quienes son y cómo desean proyectar su vida de ahora en más. Por otro lado, lo interesante de estos casos es que suelen resignificar muchos aspectos de su vida que no analizaron con detenimiento en su momento; el porqué de su elección, las influencias del entorno que no visualizaron en su momento, los estilos o mecanismos de elegir que replicaron (sin saberlo) en la selección de una carrera o una ocupación. Se observa el camino realizado desde un lugar de mayor madurez, con nuevos recursos personales y con mayor libertad (en el mejor de los casos). Entonces la pregunta interior que surge es cercana a "¿era realmente yo quien elijió en ese entonces?". Claro que sí, solo que cuando pasa el tiempo es mucho más fácil analizar el pasado y darle un sentido. En el momento todo es más difícil de analizar, sea en el momento de la vida que sea.
Todo esto lleva a replantearse las elecciones que uno hace con proyección a futuro. Que de seguro que ya no son como hace décadas atrás, porque la sociedad toda cambia (económica-social-culturalmente). Y menos mal. ¡Imagínense una historia de la humanidad rutinaria y monótona! El hecho de que existan replanteos respecto de la propia vocación hace "la cuestión" más compleja (al menos para unos cuantos que no tenemos las cosas tan claras y para siempre). Porque ya no se piensa tanto en elegir algo "para toda la vida" (y aunque se piense, es difícil sostenerlo en este mundo tan globalizado donde el movimiento de una pieza incide en el resto), sino tal vez algo para comenzar o para proyectar de acá a algunos años. Cualquier cosa puede pasar en este gran videojuego humano. Esto lo hace complejo, entretenido, difícil, injusto, etc.
Lo interesante es pensar la decisión de reorientarse como posibilidad de capitalizar el trayecto recorrido y de renovar-se con nuevos proyectos e ideas. Decidir desde un lugar diferente e, idealmente, en forma genuina, personal, de uno, digamos. No desde la oposición a lo pasado o desde lo no resuelto que necesita ser reparado, sino desde la escencia del ser, desde el deseo y, tal vez, con mucho menos miedo e incertidumbre acerca del futuro. Pero aún así, eso que se decida seguirá siendo experiencia. Experiencia en el sentido de que no hay recetas ni resultados calculables o predecibles. Aunque uno logre ver el campo de juego de manera más clara, hasta no experimentar lo que uno se propone no se sabrá de qué se trata. Y de nuevo a seguir armando el camino, que es interminable (bah, termina con la vida) y que no depende únicamente de uno sino también del entorno, de las oportunidades, del contexto, de las ganas que le pongamos...
¿Alguna vez te repreguntaste algo acerca de lo que hacés?, ¿alguna vez paraste la pelota y levantaste la cabeza para ver a tu alrededor?, ¿alguna vez imaginaste que sos el escritor que continúa con el "había una vez..."? Eso sí, no es exactamente como el cartel de la foto, que invita a parar para después orientarte hacia una "dirección obligatoria". La invitación es a hacer un parate para después ser uno quien decida hacia dónde ir.
Algunos deciden encarar un proyecto personal, otros hacer algo radicalmente opuesto, otros reafirmar su decisión, y otros (entre otros) simplemente se quedan satisfechos con el espacio de reflexión acerca de su futuro. Se contentan con parar y pensar acerca de lo transitado, para continuar desde otro lugar.
La inquietud que en el fondo atraviesa a estas personas tiene que ver, independientemente de lo que eligieron o de lo que elijan, con quienes son y cómo desean proyectar su vida de ahora en más. Por otro lado, lo interesante de estos casos es que suelen resignificar muchos aspectos de su vida que no analizaron con detenimiento en su momento; el porqué de su elección, las influencias del entorno que no visualizaron en su momento, los estilos o mecanismos de elegir que replicaron (sin saberlo) en la selección de una carrera o una ocupación. Se observa el camino realizado desde un lugar de mayor madurez, con nuevos recursos personales y con mayor libertad (en el mejor de los casos). Entonces la pregunta interior que surge es cercana a "¿era realmente yo quien elijió en ese entonces?". Claro que sí, solo que cuando pasa el tiempo es mucho más fácil analizar el pasado y darle un sentido. En el momento todo es más difícil de analizar, sea en el momento de la vida que sea.
Todo esto lleva a replantearse las elecciones que uno hace con proyección a futuro. Que de seguro que ya no son como hace décadas atrás, porque la sociedad toda cambia (económica-social-culturalmente). Y menos mal. ¡Imagínense una historia de la humanidad rutinaria y monótona! El hecho de que existan replanteos respecto de la propia vocación hace "la cuestión" más compleja (al menos para unos cuantos que no tenemos las cosas tan claras y para siempre). Porque ya no se piensa tanto en elegir algo "para toda la vida" (y aunque se piense, es difícil sostenerlo en este mundo tan globalizado donde el movimiento de una pieza incide en el resto), sino tal vez algo para comenzar o para proyectar de acá a algunos años. Cualquier cosa puede pasar en este gran videojuego humano. Esto lo hace complejo, entretenido, difícil, injusto, etc.
Lo interesante es pensar la decisión de reorientarse como posibilidad de capitalizar el trayecto recorrido y de renovar-se con nuevos proyectos e ideas. Decidir desde un lugar diferente e, idealmente, en forma genuina, personal, de uno, digamos. No desde la oposición a lo pasado o desde lo no resuelto que necesita ser reparado, sino desde la escencia del ser, desde el deseo y, tal vez, con mucho menos miedo e incertidumbre acerca del futuro. Pero aún así, eso que se decida seguirá siendo experiencia. Experiencia en el sentido de que no hay recetas ni resultados calculables o predecibles. Aunque uno logre ver el campo de juego de manera más clara, hasta no experimentar lo que uno se propone no se sabrá de qué se trata. Y de nuevo a seguir armando el camino, que es interminable (bah, termina con la vida) y que no depende únicamente de uno sino también del entorno, de las oportunidades, del contexto, de las ganas que le pongamos...
¿Alguna vez te repreguntaste algo acerca de lo que hacés?, ¿alguna vez paraste la pelota y levantaste la cabeza para ver a tu alrededor?, ¿alguna vez imaginaste que sos el escritor que continúa con el "había una vez..."? Eso sí, no es exactamente como el cartel de la foto, que invita a parar para después orientarte hacia una "dirección obligatoria". La invitación es a hacer un parate para después ser uno quien decida hacia dónde ir.
viernes, 26 de agosto de 2011
Escuchar otra cosa
Es cierto. Los psicólogos escuchamos "otra cosa" además del conjunto de palabras-sonidos-gestos que expresa una persona que consulta. Y ese "otra cosa" significa abrir un nuevo horizonte, una nueva manera de escuchar y percibir.
En el ámbito de la orientación vocacional, al momento de utilizar juegos-herramientas-dinámicas-técnicas, esta idea (la de escuchar "otra cosa") se lleva a cabo utilizándo las estrategias como excusa, como medio para que surjan aspectos que van más allá de la técnica y no como fin en si misma. Así, la técnica se transforma en un disparador, en un posibilitador, dejando de ser un recipiente acumulador de datos para pasar a formar parte de un espacio que fluye por si solo, que abre el juego, que da cauce a la reflexión y al análisis (ahí hay "persona"). Esto no ocurre todo el tiempo, sino de a ratos, de a destellos o de a momentos. Y cuando eso ocurre la técnica se transforma automáticamente, pasando a una dimensión diferente que cobra vida propia y que es,capa a cualquier tipo de condicionamiento o estímulo externo.
Para ser más concreto, me pasó hoy, recién, al incluir un juego que apela a la imaginación, a la creatividad, al procesamiento mental de múltiples variables (que son muy enriquecedoras cuando se las ve en acción). Al responder (el consultante) a la consigna, se abrió un nuevo mundo de significados que se fueron ubicando sobre la mesa para después reflexionar acerca de ellos e instalar nuevas preguntas... para después seguir trabajando.
Un proceso de orientación vocacional es, a mi modo de ver, un proceso interno, de reflexión, de parar y pensar, de jugar, de permitirse hablar, de imaginar y analizar... Y no un pseudo-lugar (pseudo porque no resulta genuino ni productivo para el que consulta. Sería algo así como "actuado") en donde no hay una persona en juego, donde no hay compromiso ni participación, donde no hay "persona", en definitiva, sino tan solo un cuerpo que responde a estímulos, que no deconstruye, que no se anima, que asiste a los encuentros como una obligación o como una respuesta automática a la pregunta que hace la sociedad "¿qué vas a hacer después del secundario?", sin sentirlo como propio, verdadero, personal.
Por eso, antes de comenzar un proceso es importante parar y preguntarse si uno realmente está preparado para hacerlo. Y si uno no lo está, preguntarse si uno quisiera abrir un espacio para comenzar a pensar acerca de esto, empezar a tirar de la punta del ovillo.
En el ámbito de la orientación vocacional, al momento de utilizar juegos-herramientas-dinámicas-técnicas, esta idea (la de escuchar "otra cosa") se lleva a cabo utilizándo las estrategias como excusa, como medio para que surjan aspectos que van más allá de la técnica y no como fin en si misma. Así, la técnica se transforma en un disparador, en un posibilitador, dejando de ser un recipiente acumulador de datos para pasar a formar parte de un espacio que fluye por si solo, que abre el juego, que da cauce a la reflexión y al análisis (ahí hay "persona"). Esto no ocurre todo el tiempo, sino de a ratos, de a destellos o de a momentos. Y cuando eso ocurre la técnica se transforma automáticamente, pasando a una dimensión diferente que cobra vida propia y que es,capa a cualquier tipo de condicionamiento o estímulo externo.
Para ser más concreto, me pasó hoy, recién, al incluir un juego que apela a la imaginación, a la creatividad, al procesamiento mental de múltiples variables (que son muy enriquecedoras cuando se las ve en acción). Al responder (el consultante) a la consigna, se abrió un nuevo mundo de significados que se fueron ubicando sobre la mesa para después reflexionar acerca de ellos e instalar nuevas preguntas... para después seguir trabajando.
Un proceso de orientación vocacional es, a mi modo de ver, un proceso interno, de reflexión, de parar y pensar, de jugar, de permitirse hablar, de imaginar y analizar... Y no un pseudo-lugar (pseudo porque no resulta genuino ni productivo para el que consulta. Sería algo así como "actuado") en donde no hay una persona en juego, donde no hay compromiso ni participación, donde no hay "persona", en definitiva, sino tan solo un cuerpo que responde a estímulos, que no deconstruye, que no se anima, que asiste a los encuentros como una obligación o como una respuesta automática a la pregunta que hace la sociedad "¿qué vas a hacer después del secundario?", sin sentirlo como propio, verdadero, personal.
Por eso, antes de comenzar un proceso es importante parar y preguntarse si uno realmente está preparado para hacerlo. Y si uno no lo está, preguntarse si uno quisiera abrir un espacio para comenzar a pensar acerca de esto, empezar a tirar de la punta del ovillo.
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